Ficción Mekawing – Cabeza de Playa 3

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Confederación Tecnocrática – Sif

El sonido del azote de una puerta se oyó al final de un enorme corredor iluminado brillantemente por la luz del Sol que, a esa hora y en la posición actual de la colonia espacial respecto a la órbita de Europa, entraba como chorros a través de las ventanas arcadas, parecía que algún dios de algún mito antiguo terrestre hubiera puesto su fiera mirada sobre los mortales que habían dedicado su vida a negarlo e, inconscientemente, convertirse en él a través de la Razón. Este corredor, de mármol blanco y de arcadas antiguas, terminaba en una doble puerta de Onyx que se movía ágilmente gracias a la baja gravedad de la colonia espacial. Luego de emerger di dichas puertas, era obvio que la investigadora Tecnócrata conocida como Sif no había salido bien librada de su última reunión con el Concejo de Revisión.

“No cumple con los requisitos mínimos”, fue todo lo que dijo Wotan mientras la miraba con su único ojo. Su proyecto de análisis de los recientes cambios atmosféricos en la Tierra había sido rechazado por el conjunto de Regentes del Concejo. Sif recordaba la cara de Loki – obviamente burlona – cuando el concejo dio su veredicto.

Sif estaba molesta, todo el trabajo de recolección de datos de la Tierra de los últimos cinco años daba indicaciones de que algo, algo no natural, pareciera estar curando a la tierra; algo inaudito luego de la condición en la que quedó el planeta justo antes del Éxodo.

“¡Tengo razón y se los voy a probar!” gritó para sus adentros mientras se conectaba con su holoproyector portátil de muñeca con su Øyskjegg, uno de los mekas que el Concejo Académico asigna a todo investigador de rango Asociado o superior, quien debe no sólo aportar nuevo conocimiento a la Confederación, sino probarlo en el campo de batalla defendiendo sus recursos. Con un par de gestos Sif ordenó re-abastecer su meka con suficiente energía y provisiones para su expedición, mientras bajaba por un magnífico elevador que gracias a moduladores gravitacionales, descendía suavemente a través de un tubo de cristal que corre en el exterior del Laboratorio Principal: un enorme edificio blanco cuya misión es la que mantener a la Razón aislada de la naturaleza autóctona de Europa, el satélite terraformado de Júpiter. Esta magnífica naturaleza, con extrañas y maravillosas divergencias del objetivo inicial de sus creadores genetistas, era totalmente ignorada por Sif, quien sólo planificaba el cómo lograría salir del Valhalla y cómo sobrevivir en la “expedición extendida” que impetuosamente había decidido llevar a cabo a Midgard, la Tierra.

“No puedes ir sola”, le interrumpió un mensaje de Loki por su comunicador virtual; “no sólo es un suicidio, sino que mataría tu línea de investigación por décadas”. Su burla se hacía sentir incluso en las letras del mensaje que le enviaba a través del comunicador. “No me interesa”, respondió molesta a la intromisión de Loki, “no es tu problema”, dijo mientras cerraba el comunicador y abordaba su flotador gravitacional que la llevaría a través de los magníficos y verdes campos de Valhalla hacia los industriales y metálicos hangares del puerto espacial.

“Digamos que logro que lo consideren una reparación y recalibración de equipo in situ” decía el mensaje que – a través de algún truco informático – logró reactivar su comunicador. “Déjame en paz”, respondió Sif no sólo desconectando el comunicador, sino removiendo su batería y tirándolo al lado del camino que poco a poco pasaba de los verdes bosques y jardines-laberintos a los paneles metálicos de los depósitos y talleres del puerto espacial.

Sif logró tranquilidad por los minutos que tardó su flotador en llevarla al hangar de su Øyskjegg, sólo para conseguir a una figura parada frente a él que en otra ocasión hubiera sido de gran alegría ver.

“Explícame de nuevo el porqué de esta locura”, dijo él intentando no juzgar el arranque emocional de Sif. “Algo pasa en Midgard, algo que no es normal, algo que pareciera que quieren ocultar”, respondió ella mientras apartaba al enorme guerrero de la puerta del hangar.

“Cuervo nos ha estado dando información de que la Esfera y el Régimen están estableciendo bases en la zona donde has estado analizando los datos de cambios atmosféricos. También me interesa saber qué es lo que sucede allá abajo” dijo él seriamente mientras Sif programaba los códigos que le permitirían lanzar su Øyskjegg del puerto espacial.

Sif se volteó, sorprendida, y sonriendo le respondió “No busco asistentes; pero un amigo siempre es bienvenido”.

En ese momento, la pantalla principal del panel de control iluminó a ambos Tecnócratas y un mensaje en el sistema de sonido dejó oír a la voz de Loki decir: “Que bella demostración de amistad Balder, pero sin mí ninguno de sus mekas podrán pasar a través de Jörmungandr”. Sif y Balder se vieron, sabían que pasar a través del sistema de defensa de Valhalla iba a ser difícil, pero con Loki activamente en su contra sería imposible dado su control absoluyo de Jörmungandr – una de las tantas ventajas de haber sido jefe del proyecto.

“¿Qué quieres?”, respondió Balder mientras daba órdenes por su comunicador para abastecer su meka, Lind.

“Sólo acompañarlos”, dijo Loki mientras Sif mostraba una obvis cara de disgusto a tal idea, “todos sabemos que Cuervo muestra una actividad que significa que algo importante está pasando en Midgard, yo quiero un pedazo de ese pastel, ¡y con quien mejor compartirlo que con mis viejos amigos!”.

“De acuerdo”, decidió Balder mientras Sif lo veía con cara de asombro, molesta de que Balder hablara por ella y tomara tal decisión sin preguntarle. Balder le hizo un gesto de que se tranquilizara mientras proseguía: “pero queremos códigos propios de Jörmungandr para la vuelta y todo el equipo que necesitemos”. Balder sabía que una excursión de este tipo, junto al hecho de que las otras dos Corponaciones más importantes del espacio interior ya estuvieran asentadas en la zona, necesitaba de apoyo de alto nivel; algo que sólo Loki podía dar sin pasar por el burocrático Concejo de Revisión.

“Hecho”, respondió Loki mientras los sistemas del Øyskjegg y el Lind eran cargados con la información de Jörmungandr que les permitiría pasar a través de ella sin ser detectados. Balder vio una vez más a Sif y le explicó sus razones. Sif entendió que no había otra opción y luego de que Balder fuera al hangar de su meka, ella escribió una última nota para enviarse luego de atravesar Jörmungandr:

“Amor, me voy a buscar la verdad que el Concejo se niega a revelar. No te preocupes por mí, estoy preparada para todo.

Siempre tuya,

Sif”.

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