Ficción Mekawing – Cabeza de Playa 9

Régimen de la Colmena – Kim Dak-ho

Lejos, muy lejos, un Ryu Z-9 equipado con un Módulo Táctico de última generación, un AWACs de la era de las Corponaciones con la capacidad de  identificar y rastrear hasta diez mil objetivos a la vez, detecta una actividad inusual.

Cerca, a pocos metros del campamento del Régimen de la Colmena, en medio del árido desierto africano, sólo un tatami adorna la arena y una espada Samjeongdo se levanta del suelo, clavada como la estaca de una tienda de campaña solemne, pero inexistente. Allí – en medio de la nada – el Capitán Kim Dak-ho se encuentra meditando cuando su concentración es interrumpida por un reporte muy importante. “Señor, tenemos el último reporte de nuestro explorador”, oye por el transmisor de frecuencias que lleva implantado en el cráneo.

“Hoy a las 0800 locales una patrulla de Tigres de la Esfera se encontraba en su ruta regular desde que empezaron las operaciones de su campamento hace unos cuatro días”, decía el Capitán Dak-ho a una cámara que transmitía a un grupo de superiores que sólo dejaban ver su silueta a través de las múltiples pantallas virtuales que rodeaban al equipo de realidad aumentada de su tienda de campaña. “Una unidad desconocida entró al perímetro usando un avanzado sistema de reflexión óptica y manipulación termal que lo hizo prácticamente invisible a los sistemas regulares de sensores de los Tigres”

En una pantalla virtual frente a Kim, sentado en perfecta posición Zen, se podía ver la escena en la que un Tigre de la Esfera es partido en dos por un arma de energía empuñada por una sombra poco distinguible.

“Luego de análisis referenciales de firma de calor, corrección óptica y análisis de emisión de ondas; hemos identificado al meka atacante como parte de la Confederación Tecnocrática. Definitivamente estaba pilotado por el Gaijin”, terminaba de exponer Dak-ho.

“¿El Gaijin está aquí?” dijo una voz obviamente alterada desde una de las caras sin nombre de las pantallas virtuales. Con una cara de derrota y vergüenza, Dak-ho respondió con voz grave: “Sí”.

“Debe tener alguna información adicional sobre nuestro objetivo” proseguía otra voz sin cara. “Debemos observarlo cuidadosamente para que nos guíe hasta él”, decía una nueva voz, “pero debemos cuidar que de ninguna manera tenga contacto con Koyashi, es demasiado peligroso”.

“El cuidado sobre Koyashi será reforzado, no permitiré ningún contacto no autorizado”, respondió inmediatamente el Capitán. “¿Cómo debo manejar la escalada que se dará a partir de este ataque?”, preguntó Dak-ho buscando una autorización más que una respuesta.

“Haga todo lo necesario para obtener nuestro objetivo”, respondieron al unísono las voces sin cara.

“Afirmativo”, respondió Kim Dak-ho. Tomando la espada Samjeongdo que se encontraba posada frente a él, Dak-ho activar su Ryu Z-9 remotamente a través del comunicador de su implante craneal.

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